Memorium

Cuando me pongo a pensar, involuntariamente, durante esa hora que tardará mi cerebro en conciliar el sueño me doy cuenta de lo inmensas que son las posibilidades de alcanzar un sueño.

Pero si paro a pensar durante el día, veo que esas posibilidades de alcanzar ese sueño cambian de estrategia o desaparecen como el humo.

¿Por qué?

¿Será porque durante el día mi ilusión es menor?

¿Será porque en el diurno mi círculo social me desmotiva?

O, ¿será porque sólo en el silencio de la soledad escucho los gritos de mis sueños? Que me dan esperanza y confianza para luchar.

El silencio a veces es un arma mortífera, fugaz. Pero otras veces es la clave de un éxito antes desilusionado o desconocido.

Al atardecer, me doy cuenta de que mi sueño recobra vida, ya que la soledad ya me acecha; me agrada que lo haga, su ataque me inspira y me devuelve a la vida.

Al estar en mi lecho, las memorias recobran su sentido inicial.

Vuelvo a ver como el sueño sigue en su círculo vicioso de ir y venir, sin sentido alguno sino consolarme.

-Se da cuenta de que las memorias le mantiene vivo, y el sueño, le encamina a la desilusión.

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