Fugaz

Rosa marchita, amor, dolor.

Que paradójico, regalarle una rosa, asesinada por ser bella.

De igual manera el amor, ¿para qué regalar un amor? ¿Para acabar igual, muriendo por su belleza?

Y el dolor… Regalar el dolor.

Supongo que recibirlo, será la misma sensación que tuvo la rosa, al ser asesinada, por su belleza, para alegrar una velada, por amor.

Predestinada por su encanto, por su resplandor.

Como la vida. Predestinada a circunstancias gozosas pero al tiempo indeseables.

Venus, oh, Venus, te aliaste con   Marte y me regalasteis el placer, sin avisarme que después me enfrentaría a mi guerra…

Mal sabe el destino, que ellos, amores asesinos, sentenciados están.

Mientras suena mi balada, yo voy marchitando, ellos amando.

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