La Muerte la Mató

Fría… así actúa ella cuando menos esperas. Indeseable sensación que pone fin a un ciclo que pocos saben aprovechar. Sólo en el último momento vienen los deseos y los rencores de una etapa que no volverá, los deseos de haber disfrutado, vivido como un ser humano.

Aquel poco montón que sabe darle provecho se van contentos porque saben que sus nombres prevalecerán ante el olvido. El futuro estará siempre abierto a mantener sus memorias, porque sabe que el tiempo, esa fuerza que “todo lo cura” tiene un poder mayor que sus intentos de borrar los recuerdos de una vida de altruismo.

Cuando llega el día afrontamos la inseguridad pero según la norma básica a tu lado están aquellos que llenaron tu historia de alegrías y llantos, reina un ambiente que ni la misma muerte puede quitar, el amor.

El amor… ¿sentimiento? O, ¿sensación? Es confuso, distinguir entre ambas posibilidades es como intentar diferenciar alegría de felicidad.

A veces es confundido con el engaño, por las palabras bonitas y necesarias. Palabras que con el paso del tiempo te das cuenta de que sólo son eso, palabras. Sin fe, sin acto. Palabras que te hacen sentir amado.

Después encontramos lo real y verdadero, cuando te das cuenta de que no son solo palabras ahí es cuando hueles el sentimiento y valoras el momento, no la sensación ya que estas van y vienen, pero el sentir prevalece. Hasta que ella llega. Domina y la lleva. Al alma no, sino al que vivió retándola en cada instante.

Recuerdo del Olvido

Como aquel que se levanta cada mañana antes de Su nacimiento, para observar su esplendor, la magia que transmite desde su lejanía quilométrica.

El brillo cobra protagonismo, el amarillo predomina. No hay estrellas, pero tienen cita con el ocaso.

A mi izquierda suenan los tambores de alegría, es fiesta. Se huele desde lo lejos.

A mi derecha no veo nada. Está gris, está oscuro.

No tiene sentido alguno mirar más hacia un lugar que no te transmite nada. El lugar que te quitó la alegría, el lugar donde la gente olvida y arroja sus sentimientos ocultos y oscuros con la mínima esperanza que desaparezcan entre ese mar de deseos ajenos. Quiero que se unan a los otros, como una lágrima al juntarse con las aguas del mar, se hace pequeña… por un instante. Luego, se forma una ola. La ola de los deseos.

Los ignorantes estamos con nuestra rutina hasta que de repente nos percatamos de esa gran [ola] majestuosa que viene a juntarse con sus dueños, que las abandonaron pensando que al no volver a verlas desaparecerían. Necios, no aprenden que por más que no quieras mirar a tu derecha, siempre seguirá en el recuerdo las memorias más tenebrosas de tu subconsciente.

Se acerca.

No causa ningún daño material sino psicológico. El pesar de las penas es la carga de cada necio, de cada uno de nosotros por intentar olvidar aquello que nos aterra.

Cada gota busca desesperadamente su “óvulo”, su raíz.

Suena, recuerdo, suena… toma tu lugar, porque al final eso es lo único que restará, el recuerdo. Pero antes sin olvidar que el ciclo es el mismo, la gota caerá al mar… y la ola volverá.

Mare et Luna

Campos de flores resbaladizas, que me hacen caer y ver tu mirada inquietante. Enamorando los pasos de un desconocido cualquiera, haciendo quedar grabados en su retina el verde de tus ojos.

El impulso de nuestro destino, sin quererlo, lo das tú, inconscientemente añades adrenalina a esta oscuridad de rosas, margaritas, tulipanes…

Nos perdimos hasta llegar al olor salado, la mar nos está saludando desde su lejanía, que cada vez es más corta.

El primer baño de otoño lo protagonizan esos dos inconscientes, que no se dan cuenta que el frío les hará unirse cada vez más para no perderse entre los suspiros de su locura.

La Luna les aconseja mirarla, está más reluciente que nunca. Cupido dio el chivatazo, dos almas estaban predestinadas a cruzarse esta noche.

No saben cuándo o cómo parar, solo quieren  amarse. Saben que ese sueño acabará.

Él hace de todo para que Crono se apiade de ellos, Venus brinda apoyo pero no poder.

Ella, está disfrutando del momento, es astuta. Prefiere el recuerdo que el vacío.

Luna se marcha, el Sol es exigente en su llegada. Siempre puntual.

Ambos planean reencontrarse, en otra vida, será. Saben que ésta ya se ha consumado.

Adiós, se dicen, juntando los carmesíes. Ahora no hacen falta palabras, solo actos.

Ella sube al paso con la Luna.

Él, baja con el mar, al ritmo que la marea se calma.

El Circo de la Tristeza

En mi circo hay dos payasos, aquellos que deberían hacerme reír, me hacen llorar.

Tienen una sonrisa dibujada encima de una expresión de tristeza oculta para aquellos que no han conocido dolor.

Dan las siete, comienza. Mi función no emite alegría. Los niños les miran en busca de felicidad, pero solo reciben una lágrima condenatoria.

La princesa que vestía de azul, tiñó su vestido de negro, su mirada transmite anhelo del circo de antaño, cuando éramos felices por alegrar al público.

El trapecista no vuela, no va en bicicleta, no sube a la cuerda. No, no y no. Su vocabulario se reduce a un no rotundo. Se ha olvidado de cómo respirar, a la vez que hacer malabares.

El mago ya no hace trucos, la ilusión ha perdido su magia.

Y el forzudo, que ahora tiene que cargar con el peso de la añoranza.

Esto era antes, el circo abre las puertas a la vez que cierra su gloria.

No hay nada que haga volver atrás en el tiempo.

Hoy sólo queda el recuerdo de la función que no vio final, sólo principio… que parecía el inicio del -suyo- fin.