Paloma

Paz, vivir sin ella.

Sin pedir nada llegó una paloma blanca sobrevolando las naciones.

Y, mientras surcaba los cielos, vio almas flotando en el mar.

Anduvo sobre las tierras y apagó el fuego de los corazones en guerra.

Deambuló una paloma entre miles de caídos, en los callejones de la desesperanza y entre el llanto de los niños.

Las lágrimas se hacían grandes a medida que Paloma veía los rostros de la amargura.

Cuidado, Paloma ¡un misil viene hacia ti para acabar de destruirte!

Vuela, vuela lejos. Pero ella se quedó.

Nació con el hombre, morirá con él. Acabará su función.

El Sol nace cada mañana, pero no logra iluminar los caminos de la guerra.

La Luna brilla cada noche, pero no alcanza los caminos de la paz.

Paloma sigue su camino entre grandes y pequeños.

Su legión era pequeña, ahora es un ejército, pero no uno cualquiera.

Es uno de paz. Sus armas son lápices que escriben poemas de alegría.

Los misiles ya no matan. Los cañones lanzan sabiduría.

Su ejército no deja de crecer.

Millones de soldados se unen a Paloma.

Han dejado el rencor atrás, su doctrina ya no es la misma.

Ha hecho que centenares de pueblos se estrechen la mano otra vez.

Nuestro único enemigo ahora es la enemistad.

El arcoíris ha vuelto salir desde hacía tiempo.

Y yo hoy me pregunto ¿cuánto tardará en llegar Paloma?

Paz, vivir con ella.

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Lágrimas

Lloro por dentro porque fuera las lágrimas no se atreven a caer.

Miro a mi alrededor y no logro encontrar el consuelo que todo ser aspira a conseguir.

Calor humano reconforta y se añora cuando no se encuentra.

Niego el amor, porque éste es traicionero, ataca cuando menos te los esperas y te abandona cuando más lo adoras,

dejando las huellas imborrables en la piedra de sangre que se cansa cada vez más.

No cesan las lágrimas internas, son una lluvia constante, una tormenta sin precedentes.

Tal vez algún día esta tormenta duradera consiga limpiar con su cristalina agua todo lo que el amor dejó de recuerdo alguna vez en una de sus esporádicas visitas.