ABISMO

Y al perderte me encontré.

Encontré silencio, vida y paz.

Encontré aquello que dos miradas se prometieron, pero nunca lograron.

Encontré eso que busqué, o que al menos -yo sí- intenté.

Supe desde hace mucho que mis deseos ya no eran los tuyos, que tus sueños ya no eran los míos.

Nuestros caminos discernieron lo mejor para ambos y no somos quien para intentar revivir lo que ni el fuego puede.

Al meditar las situaciones y conflictos que se nos presentaban ya no lo hacía con ganas, no  tenía la intención de llegar a ningún lugar. Mi dirección iba en sentido opuesto al tuyo.

La luna confesaba que lo mejor llegaría, pero nunca llegó. Y nosotros, simples humanos en una mota de polvo azul perdidos entre la inmensidad, tenemos un ritmo acelerado al de nuestro corazón; hubo una vez cuando se sincronizaron. Una, pero. Fue al son de un vals que se escapó de nuestras manos y era imposible controlar esa energía tan calmada.

Fogosidad, lo llamaría.

Íbamos caminando por un lago que no veía fin, hasta que alcanzamos el abismo y nos precipitamos sin previo aviso. Sentí que la presión del vacío me atormentaba y desolaba mis sentimientos, no daba tregua. Aturdía mi razón.

Poco a poco el vacío cobraba sentido, en un instante dado me diste la mano; te solté. Tu final se acerba, yo, en cambio, seguiría precipitándome en mi vacío y en mi soledad complaciente.